YA ESTÁ ABIERTA LA 3ª CONVOCATORIA DEL MÉTODO MAGIC® (SEPTIEMBRE 2017)

El Método MAGIC® es un método formativo multidisciplinar, novedoso y práctico. Mediante técnicas de alto impacto permite interiorizar y estimular competencias, estrategias y conocimientos, para favorecer procesos de transformación, desarrollo y crecimiento de las personas y de las organizaciones.

Inscríbete ahora, las plazas son limitadas.

Más información en http://abe-consulting.eu/v2/certificacion-magic/

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No basta con el know how

Estamos viviendo sin darnos cuenta todavía en una versión más de las ya múltiples revoluciones industriales de los últimos tres siglos. Esta etapa no sólo es difícil de comprender para la gran mayoría sino que, además, debido a la aceleración tecnológica, es cada vez más efímera. Cuando comenzamos a descubrir la punta del iceberg resulta que las condiciones vuelven a cambiar y… ¡vuelta a empezar!.

Estos cambios incluyen la inteligencia artificial, el Internet de las cosas, las economías circulares, la tecnología “wearable” (ponible) sólo por mencionar unos cuantos. Y ello hace que la atención en el desarrollo competencial adquiera mayor relevancia incluso por encima de los conocimientos técnicos. Los jóvenes comienzan a estudiar carreras universitarias y al graduarse sus conocimientos están extremadamente obsoletos, algunos incluso en términos absolutos. El know-how (saber cómo) ya no es suficiente en los tiempos que corren, ahora es mucho más importante el learn-know-how (aprender a saber cómo).

Una competencia crucial para ello por ejemplo es el autoaprendizaje. Éste no puede obviarse. Es más, ya los softwares, sistemas y hasta las apps contienen protocolos de autoaprendizaje; un sencillo ejemplo son los teclados de nuestros teléfonos inteligentes, que aprenden a incluir palabras nuevas de nuestro vocabulario personal, o las sugerencias predictivas, que van adquiriendo de nuestros hábitos de escritura de mensajes y textos.

Pero nosotros también debemos subirnos al vehículo del conocimiento continuo. Sólo éste nos puede llevar a las mejores oportunidades profesionales y a adaptarnos a los vertiginosos y cada vez más instantáneos patrones de trabajo. Aquellas tecnologías de las que hablaba al principio redefinirán sectores industriales enteros, incluyendo productos y servicios a su paso. Por ejemplo, las impresoras 3D provocarán que en el futuro la logística del transporte internacional se transforme por completo, desde la drástica reducción de la misma cadena de distribución –debido a que ya no hará falta transportar objetos de un punto geográfico a otro, sino que bastará con pagar por el diseño, descargarte el fichero “STL” (STereo Lithography) y luego imprimirlo en casa– hasta la transformación de ésta en un sistema de transporte de cosas que fabriquen cosas (como impresoras 3D). Esto último, paradójicamente más adelante será innecesario, pues con el tiempo podrás imprimir en casa una impresora 3D o más herramientas tecnológicas, muchas de ellas incluso diseñadas por ti. Eso afectará seriamente al comercio internacional tal y como lo conocemos hoy, lo que supondrá un antes y un después en la economía mundial sólo comparable con hechos históricos de inflexión humana, como el descubrimiento de la agricultura, el surgimiento de la propiedad privada o el mercantilismo.

Ante este escenario, el capital humano de las empresas necesita prepararse y la amplia mayoría ya van tarde en el proceso. Incluso las empresas más punteras comprenden que la verdadera importancia de su capacidad de añadir valor no está en contratar el porcentaje adecuado de profesionales relacionados con las IT que han de nutrir este panorama tecnológico a futuro, sino en la capacidad de identificar, atraer, reclutar y mantener a profesionales capaces de adaptarse a las nuevas embestidas de la vida digital que estamos comenzando.

Por estas razones las empresas top están enzarzándose en una lucha por conseguir a los profesionales mejor preparados, pero no con los mejores títulos, sino con las mejores cualidades competenciales. Este talento está muy disperso en el mercado y la principal dificultad es que, para empezar, no se cuenta con los profesionales ni con los procedimientos adecuados para identificar este talento.

Esta dificultad, sumada a los desajustes formativos, al reto de la automatización y la diversidad generacional son los retos a vencer para toda organización que desee sobrevivir en la época en que vivimos. Se requiere de profesionales que sean lo suficientemente ágiles, adaptables, con facultades de autoaprendizaje, resilientes y capaces de transformar y apuntalar las atmósferas humanas de trabajo.

No es de sorprender que, de acuerdo con Randstad, sólo en España, el 81% de los procesos de selección fracasan y que el 47% de los nuevos empleados contratados dimiten o cambian de empleo antes de 6 meses. A nivel mundial estas pérdidas por rotación alcanzan los 9.000 billones de euros, además de provocar otros costes más altos e incalculables debido al aletargamiento de la habilidad de las empresas para alcanzar velocidades crucero que les permitan aprovechar el talento para poder subsistir y progresar.

El modelo académico, el modelo de trabajo y sobre todo, el desajuste laboral oferta-demanda siguen jugando con la inmensa mayoría de las reglas del Siglo XX, lo que explica por qué grandes monopolios y empresas insignia que muchos asumían invencibles, están ahora en la época de las cavernas.

Esto refleja la naturaleza cambiante de los puestos de trabajo y las diferentes tareas que las personas tienen que hacer. Los cambios en la tecnología han generado trabajos menos rutinarios y un descenso en la demanda de algunas habilidades tradicionalmente técnicas, operativas y administrativas. Ahora se requiere de profesionales con una combinación de competencias transversales y competencias especializadas. Los cambios en la organización del trabajo actual demandan verdaderos profesionales multi-competentes y con perfiles humanistas, además de matemáticos, ingenieros, informáticos, científicos y analistas.

La cuestión por tanto, es si las organizaciones pueden seguir el ritmo de estos cambios…

¿Cómo alguien como Donald Trump gana unas elecciones?

Comencemos directamente con la respuesta: utilizando a la gente. Trump gana no cualquier tipo de elecciones, gana las elecciones para presidente de EE.UU. ni más ni menos. Pero lo importante no es cómo gana, sino por qué gana. El propósito de estas líneas no es hablar de lo que se habla ahora mismo en todos los foros especializados de política, relaciones internacionales, de la bolsa, ni desde luego desde ninguna ideología partidista. El propósito es hablar de lo que no se habla, de la ignorancia actual debido al sistema que nosotros mismos permitimos. Esta ignorancia está impulsada, paradójicamente, debido a la vida moderna y a las nuevas tecnologías. Hoy en día las generaciones de jóvenes en edad de voto (y también los más jóvenes) aprenden a través de “novedosos métodos de enseñanza” (así entre comillas) y materiales disponibles a través de Internet. Incluir estas variables no es malo, lo malo es que no existe ni rigor ni enriquecimiento cultural-universal real fomentado por académicos, formadores e investigadores al utilizar esas nuevas herramientas.

François de la Rochefoucauld decía que existen tres clases hay de ignorancia: no saber lo que debería saberse, saber mal lo que se sabe, y saber lo que no debe saberse. Y esas tres ignorancias en la actualidad son el factor común por su facilidad para googlearse, por su casi inmediato esparcimiento a través de las redes sociales y por la sobreutilización que centros educativos, universitarios y de formación en general hacen de ello. El resultado de todo esto son hechos tales como Trump presidente de EE.UU., el BREXIT, el plebiscito por la paz en Colombia, y más cosas que están por venir.

Sólo hace falta poner un ejemplo sencillo. Es verdad que a través de las redes sociales te puedes enterar de cosas y participar masivamente en diversos acontecimientos, sin embargo, no es que las redes sociales sean la fuente más fidedigna de información. De hecho diversos estudios demuestran que más del 85% de la información que se mueve en las redes es falsa, incorrecta, desactualizada, fruto de la especulación o directamente mentira. A esto agrégale lo siguiente: Cuando la gente está haciendo scroll con el pulgar en su móvil mientras consulta las redes para “mirar” información ¿dónde se detiene? Facebook, Tweeter, LinkedIn e Instagram cuentan con servicios de marketing especializados que afirman que los post más consultados son los vídeos y las imágenes llamativas, especialmente las de alto impacto visual, y si son graciosas mejor aún. Las menos consultadas (aunque esto no lo dicen) son links a sitios que en algunos casos pueden ser fuentes fidedignas de información, sin embargo esto implica ir a un sitio y “tomarse la molestia de LEER”.

El que un vídeo sea objeto de atención no me escandaliza porque es cierto que, si el vídeo está bien hecho y cuenta con buen contenido, es una forma rápida de asimilar información, especialmente hoy en día que contamos con tanta. Sin embargo en mi opinión tenemos más cantidad de desinformación que de información, y por mucho. El problema no es aprender con un vídeo o con una imagen bonita, el problema es que la gente no es consciente de la calidad de la información, sólo es consciente de que “es lo más fácil, rápido y práctico”, en otras palabras, la ley del mínimo esfuerzo.

Recuerdo hace no muchos años cuando estudiaba en la facultad la cantidad de libros semanales que debía leer para participar en una clase; y eso ocurría con casi todas mis asignaturas. Hoy en día además de consultor, colaboro como profesor universitario de grado y de postgrado, y atestiguo que cuando se les dejan deberes a los alumnos como leer un simple artículo de 15 ó 20 páginas miran al profesor con cara de “no tengo tiempo”, cara que yo traduzco como “prefiero seguir en mi ignorancia moderna”. Estamos creando incultos funcionales, las nuevas generaciones saben mucho de tecnología, pero no saben cómo usarla para que crezcamos culturalmente, para el enriquecimiento intelectual, para formar verdaderos seres humanos, con valores y convicciones legítimas.

Mi tío Jorge decía “prefiero contratar un empleado que sepa los nombres de los 3 astronautas que formaron parte de la misión que llegó a la Luna que uno que tenga un CV impecable”. ¡Cuánta razón tenía! No porque todos debamos saber que fueron Armstrong, Aldrin y Collins, sino porque él se refería a rodearse de personas cultas y que sepan utilizar el sentido común, que no sean pobres de espíritu y, sobre todo, que tengan capacidad para aportar a sus compañeros, a la empresa y al mundo, por más pequeña que sea su escala. Eso es fomentar el talento. Sin embargo parece que nos empeñamos en fomentar la necedad, la torpeza y la estupidez (y por eso así nos va).

Y aprovechándose de este marco, es como Trump gana las elecciones, aprovechándose de la gente, en especial de su ignorancia, porque los más viles males de la humanidad provienen de la ignorancia: es irrefutable que alguien racista, xenófobo, misógino y vulgar, por más dinero, estatus o poder que ostente es eso: un ignorante. Y Trump y sus asesores han sabido aprovechar que esa masa del pueblo ignorante es mayoría.

Ojalá que estás líneas sirvan para la reflexión y que luchemos por enderezar el rumbo de la marea de desinformación, y que formemos jóvenes y profesionales con calidad y dotándolos de verdaderas competencias, no de rebozarles de diplomas, certificados y títulos vacíos y obtenidos de forma express. Formemos personas que sean exactamente lo contrario a Trump, porque aunque sea el próximo “líder” de un país tan importante como EE.UU., no es ningún ejemplo a seguir. El pueblo estadounidense no ha podido detener esta ola de ignorancia, por ello te invito a que te atrevas a aportar tu granito de arena para revertir esta tendencia en tu entorno, comunidad, empresa, equipos o familia. Evita que esto se siga replicando y alcance tus intereses y los de los tuyos ¿te atreves?