Mes: septiembre 2019

Thomas Cook no ha quebrado por los números, sino por las personas que hacen los números.

Ponte en los zapatos del tour-operador por un momento. Hiciste todo lo posible para evitar la quiebra. Redujiste tus gastos. Vendiste cosas para hacer pagos. Has estado comiendo arroz y patatas durante meses. Pero incluso con todo el esfuerzo, has llegado a una conclusión dolorosa: No puedes pagar la hipoteca, los préstamos o las tarjetas de crédito y debes declararte en quiebra.

La bancarrota es un proceso judicial en el que se sostiene que alguien (persona o entidad) no puede pagar sus deudas. Acto seguido, las autoridades examinan los activos y pasivos para decidir si se cancelarán las deudas contraídas. Si el tribunal determina que realmente no existen medios para pagar la deuda, se declara la bancarrota, que puede detener la ejecución hipotecaria de una casa, la recuperación de una propiedad o el embargo de un salario. La bancarrota puede cancelar muchas deudas pero no todas.

Aunque la normativa cambia de país en país normalmente los causales y procedimientos suelen ser similares. En la mayoría de los países y sólo a efectos de partir de una base, existen distintas tipologías de quiebra, que acabarán moldeando el procedimiento tras la declaración:

La “fortuita”: Que se debe a sucesos inesperados, y que se entiende como algo que está completamente fuera del control del deudor. En este caso normalmente -que no siempre- no existen penalidades.

La “culpable”: Que es fruto de gastos excesivos con respecto a su liquidez, riesgos innecesarios o no medidos, negligencias, inversiones mal analizadas, compra de activos fiados sin pagar al fiador, etc.

La “fraudulenta”: Que implica la omisión o enmascaramiento de información relevante que afecta el balance general. También incluye la falsificación documental, la ausencia de contabilidad apropiada, la utilización de capitales ajenos, y otros delitos como el blanqueo de dinero.

Pero cualquiera de los tres tipos responde a una mala gestión por los líderes de la organización que está en problemas, incluso cuando hablamos de los casos fortuitos. Para facilitar la explicación comenzaré a ilustrar mi punto sobre las razones de la quiebra comenzando por el último tipo.

La “fraudulenta” está asociada con líderes, gestores y decision makers, que simplemente son sinvergüenzas. Personas que no tienen solvencia moral y que han intentado llenar sus bolsillos con negocios turbios en el marco de la organización para la que trabajan. En ese sentido hacen que la organización haya estado trabajando para sus intereses en lugar de haber trabajado para los intereses de la organización (que es para lo que fueron contratados).

Los responsables que enarbolan este escenario son personas que carecen de competencias como la empatía, la pasión por el desarrollo de otros o la adaptabilidad y consideran que haciendo trampa, engañando, pasando por encima a los demás, jugando con el patrimonio de otros y creyéndose “expertos en negocios” pueden beneficiarse (mientras no les pillen) eludiendo las reglas. Dejo para el final sólo por enfatizar, que son personas carentes de ética, de moral y de sentido del buen hacer. En ningún caso una organización con un poco de sentido común querría colaboradores así en sus filas.

La bancarrota “culpable” es provocada debido a un tipo distinto de personas incompetentes. En este caso se trata de personas que no les gusta seguir los procedimientos, que actúan con negligencia, que se dan el lujo de eliminar procesos de calidad de productos sólo “porque encarecen costes”, son alérgicos a la planificación y prefieren improvisar y apagar fuegos, y normalmente procrastinan dejándolo todo para el final. Los “más listos”, cuando llegan a prever un problema dicen cosas como “si llega a ocurrir ese problema ya entonces y sólo entonces veremos lo que hacemos para resolverlo”.

Los responsables que participan en este escenario son personas que carecen de competencias como la planificación y organización, la solución de problemas o la negociación, y piensan siempre en el corto plazo, pensando que si hacen algo con poca planificación y luego abandonan la organización será “otro al que le toque comerse el marrón”. Son individuos que creen saber negociar y pierden oportunidades cada vez que dejan una mesa de negociación. Consideran que planificar es una pérdida de tiempo y que ese tiempo valioso “es mejor invertirlo simplemente en trabajar”. Dejo para el final sólo por enfatizar, que son personas carentes de visión de largo plazo, sentido común y son ausentes de rigor en sus quehaceres diarios. Igualmente, ninguna organización con un poco de seriedad querría colaboradores así en su nómina.

Finalmente la bancarrota “fortuita” pareciese que no responde a ninguna incompetencia concreta, pero no os dejéis engañar por la ilusión. Este tipo de bancarrota se origina debido a incompetencias de otro tipo. Habitualmente no incluye negligencias ni ilegalidades, pero son provocadas por personas que trabajan de forma rutinaria, que no son susceptibles de dar la bienvenida a los cambios de negocio, del entorno o de cualquier tipo. Son personas que no se preocupan por mejorar y evolucionar ellos mismos, ni hacerlo con quienes les rodean o con los procedimientos que ejecutan. También son personas que no comunican adecuadamente por simple incapacidad y no de forma premeditada, lo que provoca duplicidad de esfuerzos, malentendidos y confusión en las tareas del día a día, generando retrasos, mal servicio y enrareciendo el ambiente de trabajo.

Los responsables que participan en este escenario son personas que carecen de competencias como la comunicación efectiva, la innovación, el autoaprendizaje o la inteligencia emocional, y piensan que si ocurre algo de forma súbita era simplemente impredecible. Y tienen razón en esto último, los casos fortuitos y las causas de fuerza mayor no pueden predecirse, pero lo que no saben es que estos casos sí pueden preverse.

Un incendio en una oficina, por ejemplo, no puede predecirse dónde o cuándo ocurrirá, pero sí puede preverse que en caso de que ocurra habrá un equipo que se encargará de evacuar a las personas del recinto, otro de retardar con extintores el incendio hasta la llegada de los bomberos, otro de llamar a los servicios de emergencia, etc., y cada equipo estará entrenado y cualificado para ejecutar sus tareas con rapidez, eficacia y seguridad.

Sin embrago los individuos que provocan las quiebras fortuitas son personas que “respiran simplemente porque es necesario para vivir” y que no tienen la capacidad de “respirar a veces más profundo o a distintos ritmos” para subir montañas, para lograr distancias mayores, para cambiar de ruta con creatividad cuando es necesario o incluso aguantar la respiración para bucear. Se trata de personas que trabajan en “piloto automático” y que se dedican a preparar y ejecutar el plan “A” -incluso con eficacia-, pero no hacen consciencia de que no sólo se debería hacer eso, sino que deberían preparar un plan “B” -o incluso un “C”- en caso de algún factor fortuito, y es, precisamente porque no hacen esto, que cuando el caso fortuito aparece, la organización termina siendo declarada en bancarrota del tipo “fortuito”. Del mismo modo que los dos tipos anteriores, las empresas estarían mejor sin colaboradores ausentes de estas competencias en su staff.

Como se puede ver, los síntomas de cada tipo de bancarrota son diferentes, pero la raíz del problema es la misma: La ausencia de competencias en los miembros de la organización.

Y Thomas Cook no es la excepción. Las versiones de su bancarrota siempre apuntarán a razones “financieras”, “económicas” o “del mercado”, por ejemplo a no haber innovado frente a sus competidores, a no haber implementado tendencias del sector como técnicas low cost, al cambio de hábitos en los consumidores o al precio del petróleo. Sin embargo, si Thomas Cook hubiese contado con personal competente (competencialmente hablando) habría sabido ser creativa y evolucionar en un mercado de alta competencia, habría mejorado sus procesos, habría adaptado sus productos a los nuevos gustos de los consumidores y habría negociado mejor para obtener mejores precios de combustible.

Te tengo una pregunta final: ¿Tiene que pasarle a Blockbuster, Lehman Brothers, Pan Am, Kodak, Sega, Nokia o más recientemente a Thomas Cook para que comiences a formar en competencias a tu staff? Recuerda que si ha pasado en “las grandes ligas” le puede pasar a cualquiera, incluida tu organización.